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FERNANDO SANTIBÁÑEZ,
INGENIERO AGRÓNOMO
DOCTOR EN BIOCLIMATOLOGÍA
El desplazamiento de cultivos hacia el sur y la menor disponibilidad
de agua para riego, bebida y energía son los impactos que
puede traer el calentamiento global.
¿Existe conciencia en Chile sobre el efecto para
el agro del calentamiento global?
ARNALDO GUERRA MARTÍNEZ
Este no es un problemita. Es uno de los temas más en boga
hoy a nivel mundial, junto con la lucha contra el terrorismo. Claro
que, por ahora, contra el calentamiento global del planeta provocado
por las emisiones de gases con efecto invernadero y su impacto en
el clima no se lucha con el mismo encono. De hecho, hay varios países
que ni siquiera han firmado el Protocolo de Kyoto, partiendo por
Estados Unidos.
El cambio climático, con modificaciones en los valores de
la precipitación, de la temperatura y en la variabilidad,
tiende a crear más problemas para la agricultura, la minería
y la extracción de petróleo en el Golfo. Genera fenómenos
como huracanes, deslizamientos de tierra, inundaciones y sequías,
que representan miles de millones de dólares anuales, además
de importantes cambios productivos.
Y siendo Chile un país donde la agricultura tiene un rol
fundamental tanto económico como social, el cambio climático
podría tener efectos notables, para los que hay estar preparados,
señala el doctor en bioclimatología Fernando Santibáñez,
profesor de la Universidad de Chile.
"Esto puede cambiar fuertemente nuestra geografía productiva
e influir sobre la disponibilidad de agua en Chile. Eso significa
muchas cosas: agua para regar y beber, pero también significa
energía. En Chile, dado el precio del petróleo y el
gas, cada vez vamos a ser más dependientes de los recursos
hidroeléctricos. Entonces, cualquier modificación
en el funcionamiento de nuestras cuencas hidrográficas en
la cordillera de los Andes puede ponernos doblemente en aprietos
en disponibilidad de agua y de energía. Por lo tanto, todo
lo que hagamos en materia de inversión para conservación
de recursos de agua es bienvenido", enfatiza.
En realidad, el país poco puede hacer para evitar el impacto
en el cambio global.
"Los grandes emisores de anhídrido carbónico
y de metano ni siquiera están en el hemisferio sur. Nosotros
no tenemos nada que hacer, más allá de ser lo menos
contaminantes posible. Representamos menos del 1% mundial. Y si
decidiéramos parar todas las chimeneas, todos los motores
y quedarnos quietos durante un año, las emisiones mundiales
serían iguales al 99 coma algo por ciento... Casi no influimos",
señala Santibáñez.
¿Qué está pasando hoy con el clima en Chile?
Se ha registrado un pequeño aumento en la variabilidad del
clima en los últimos 30 años respecto de la frecuencia
de eventos extremos de hace 60 años. Las precipitaciones
son más variables. Se registran más ahora fuera de
época, en primavera verano, que antes; tenemos una frecuencia
de eventos del Niño que pareciera ser que es un poquito más
seguida que antes. Pero los efectos no son al extremo de lo que
está pasando en el trópico, donde preocupa mucho más
el tema.
En Chile la zona más sensible es de Santiago al norte. Los
mayores cambios conductuales en los climas se observan entre Copiapó
y Santiago, donde se ha producido una disminución en las
precipitaciones entre 20 a 30 por ciento durante el siglo que acaba
de terminar. Se ha elevado 0,6 a 0,7 grados en la temperatura promedio
y aumentó las temperaturas mínimas, de modo que los
inviernos se han hecho más suaves.
Entonces los sistemas de riego tendrán que cambiar.
La tecnología de riego va a tener que seguir avanzando
hacia el sur y, probablemente, habrá que regular cuencas
en las zonas donde ahora no hay grandes obras, con el propósito
doble de contar con agua y energía. Ese es un gran de-
safío que tiene el país: seguir avanzando muy rápidamente
para prevenir problemas mayores en el futuro. Aun sin cambios climáticos
tiene que hacerlo, simplemente por el crecimiento de su economía.
Las temperaturas más altas pueden aumentar las pestes en
el agro.
Afectan en varios aspectos. Uno, es que puede incrementar el número
y la agresividad de las plagas. Al haber inviernos más benignos,
se acortan los períodos en que las plagas pasan en reposo
y, por lo tanto, tienen más días al año para
reproducirse. Eso aumenta el riesgo sanitario de la agricultura
y es previsible que a futuro esto siga creciendo en cuanto a insectos
y enfermedades. Otra consecuencia es que los inviernos se hacen
más cálidos y se pone en problemas a nuestra fruticultura.
En Chile se cultivan especies que necesitan un invierno frío,
si no lo son la producción es mala. Entonces, dentro de algunos
años vamos a empezar a tener problemas. Es presumible que
eso termine empujando la fruticultura un poquito más al sur.
Eso vale para la uva, las manzanas, las peras, las ciruelas y las
cerezas, entre otros.
¿Esta situación podría plantear nuevas oportunidades?
Hay frutas de origen tropical que se pueden ver favorecidas con
los inviernos más suaves, como las paltas, chirimoyas, papayas,
los cítricos en general. Al final, el país tiene que
ser lo suficientemente inteligente como para aprovechar las oportunidades
y reducir al mínimo las adversidades, adaptando su agricultura.
Hay 20 a 30 años para mover algunas especies más al
sur y hacer algo respecto del control de plagas y enfermedades,
sobre todo lo que tiene relación con su manejo biológico.
No buscar este control con más productos químicos
si aumenta la intensidad de las plagas, porque nuestra agricultura
no resiste un mayor incremento en el uso de productos químicos.
No podemos perder esa característica de usar poco en relación
a otros países, frente a nuestros mercados de exportación.
Tenemos que empezar a investigar más en control biológico,
en cómo mantener los equilibrios en nuestras poblaciones
de insectos, para evitar que un calentamiento las dispare.
¿Este desplazamiento de cultivos podría no ser tan
traumático entonces?
Claro. Seguramente hay zonas del centro sur que van a ver que muchas
especies se van a tener que ir desplazando hacia el sur, pero también
el centro tiene que ganar en términos de que hay otras especies
que podrán ser cultivadas con mayor facilidad. En el caso
de los cultivos anuales, trigo, maíz, es más fácil
la cosa, habrá que cambiar los períodos de cultivo
nada más. Adelantar la fecha de siembra y con eso se neutralizan
los cambios de temperatura.
Resulta curioso que en el país, a pesar de este aumento
de la temperatura, no se aprecien períodos de sequía
importantes en los últimos años.
Hemos tenido una década con años muy normales. Estadísticamente
hay décadas secas y húmedas. Las ha habido en la historia,
entonces es muy posible que en los diez años que vienen termine
esta bonanza climática y entremos en una década húmeda
o seca. No podemos predecirlo. Pero no hay que confiarse.
BIOCOMBUSTIBLES
Hay dos escenarios a futuro: o se usan los combustibles fósiles
hasta que se agoten o se abandonan antes. Yo creo que la humanidad
va a tener que dejar de utilizarlos antes de que se agoten. No por
el precio, sino porque está calculado que si se usan todos
los combustibles fósiles se liberaría a la atmósfera
una concentración de CO2 de alrededor de 1.500 partes por
millón, cinco veces lo que se registra hoy.
Aunque quisiéramos el planeta nos va a decir: paren. Así,
los biocombustibles aparecen como el gran desafío para la
agricultura. Van a tener que venir sí o sí dentro
de poco, a menos que la tecnología hiciera aparecer otro
combustible como el hidrógeno sacado del agua del mar, pero
lo más probable es que eso demore más.
SU FICHA
FERNANDO SANTIBÁÑEZ
Ingeniero agrónomo, profesor de la Universidad de Chile
y de la Pontificia Universidad Católica de Chile, doctor
en bioclimatología, vicedecano de la Facultad de Ciencias
Agrarias
Arnaldo Guerra Martínez.
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